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Cómo elegir ratón: lo que importa y lo que es puro marketing

Cabecera del artículo «Cómo elegir ratón: lo que importa y lo que es puro marketing», de la sección Gadgets y aficiones de TecniEasy

El ratón es el periférico que más tocas y en el que menos se piensa. Y a diferencia de otras piezas, aquí lo caro no es necesariamente lo mejor para ti: importa más que encaje en tu mano y en tu forma de agarrarlo.

Primero: cómo lo agarras

Mírate la mano ahora mismo sobre el ratón. Hay tres formas, y determinan qué forma te conviene:

  • Palma completa. Toda la mano apoyada, dedos estirados. Necesitas un ratón grande, con lomo alto que rellene el hueco de la palma.
  • Garra. Dedos arqueados, solo apoyas la parte trasera de la palma. Pide un ratón mediano con la parte de atrás algo elevada.
  • Puntas de los dedos. Solo tocan las yemas, la palma no apoya. Aquí manda el peso ligero y el tamaño pequeño.

Mide también tu mano, desde la base de la palma hasta la punta del dedo corazón. La mayoría de fabricantes publican para qué rango de tamaño está pensado cada modelo, y es un dato bastante más útil que cualquier especificación.

Los DPI: el número más inflado del sector

Ves ratones anunciando 26.000 DPI o más. Es una cifra sin ningún significado práctico.

Los DPI miden cuánto se mueve el cursor por cada milímetro que mueves el ratón. Más DPI significa que el cursor viaja más con menos movimiento.

La mayoría de los jugadores competitivos usan entre 400 y 1.600 DPI. Con cifras altas el cursor se vuelve inmanejable, imposible de apuntar con precisión.

Así que ignora ese número por completo. Cualquier sensor decente de los últimos años es más preciso de lo que tu mano puede aprovechar.

El peso, que sí importa

Hay una tendencia clara hacia ratones muy ligeros, de 60 gramos o menos, y tiene sentido: si mueves el brazo para apuntar, mover menos masa cansa menos y permite parar con más precisión.

Pero no es universal. A bastante gente le resulta más estable un ratón con algo de peso, sobre todo si hace movimientos pequeños con la muñeca. Un ratón demasiado ligero puede sentirse barato o descontrolado.

Como referencia: por debajo de 70 g se considera ligero, entre 70 y 90 es lo habitual, y por encima de 100 es pesado. Si vienes de un ratón de oficina, probablemente estés en torno a los 100.

¿Cable o inalámbrico?

Esta discusión está zanjada desde hace tiempo, aunque mucha gente no se ha enterado.

Los inalámbricos actuales de gama media y alta, con receptor propio de 2,4 GHz, tienen una latencia indistinguible del cable. No hablamos de Bluetooth, que sí añade retraso: hablamos del pequeño receptor USB que viene con el ratón.

Así que si el presupuesto llega, inalámbrico. La libertad de movimiento y no tener el cable rozando la mesa se nota más de lo que parece.

El cable sigue teniendo sentido en gama baja, donde los inalámbricos baratos sí usan conexiones peores y pilas.

Los interruptores y el doble clic fantasma

Este es el fallo que mata más ratones, y conviene conocerlo antes de comprar.

Los interruptores mecánicos se desgastan. Cuando empiezan a fallar, un solo clic se registra como dos. Es muy molesto y suele aparecer entre el primer y el tercer año de uso intenso.

Algunos fabricantes han pasado a interruptores ópticos, que no tienen contacto físico y no sufren ese problema concreto. Si ves que un modelo lo menciona, es un punto real a su favor.

Mira también la garantía. Dos años es lo habitual, y este fallo suele entrar dentro.

Cuánto gastarte

PresupuestoQué obtienes
Hasta 30 €Sensor correcto y con cable. Perfectamente válido. A este precio hay ratones que rinden como los caros.
30 – 70 €Mejores materiales, inalámbrico decente, formas más cuidadas. El tramo con mejor relación.
70 – 120 €Muy ligeros, inalámbrico de baja latencia, interruptores ópticos, buena batería.
Más de 120 €Refinamientos pequeños y materiales exóticos. Rendimientos decrecientes claros.

Por encima de 70 € pagas comodidad y acabados, no precisión. El sensor de un ratón de 40 € ya es mejor que tu pulso.

Dos cosas que importan más que el ratón

La alfombrilla. Una grande y de tela, por 15 €, mejora la precisión más que subir de gama de ratón. El sensor necesita una superficie uniforme, y la mesa desnuda no lo es.

La configuración del sistema. En Windows, desactiva «mejorar la precisión del puntero». Suena bien y lo que hace es aceleración: el cursor recorre distinta distancia según la velocidad a la que muevas la mano. Eso impide desarrollar memoria muscular. Con ella desactivada, el mismo movimiento da siempre el mismo resultado.

Esas dos cosas son gratis o casi, y hacen más por tu puntería que cambiar de ratón.

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