
Tu ordenador va lento y estás pensando en comprar uno nuevo. Espera, porque muchas veces con 80 € y media hora se arregla.
La clave está en cambiar la pieza correcta. Y la correcta casi nunca es la que la gente cree.
Primero diagnostica, que es gratis
Comprar a ciegas es la forma más habitual de gastar dinero sin mejorar nada. Vamos a ver qué está frenando tu equipo de verdad.
Abre el Administrador de tareas en Windows (Control + Shift + Escape) o el Monitor de Actividad en Mac. Déjalo abierto mientras haces lo que normalmente hace que el ordenador se atasque. Luego mira cuál de estos se pone al máximo:
| Lo que se dispara | Qué significa | Qué cambiar |
|---|---|---|
| Disco al 100 % constante | El almacenamiento es el cuello de botella | SSD. Es la mejora estrella. |
| Memoria casi llena | No tienes sitio para lo que abres | Más RAM |
| CPU al 100 % en tareas normales | El procesador se queda corto | Procesador, y probablemente placa |
| Nada al máximo, pero va lento | Suele ser calor o software | Limpieza, física y de programas |
| Pocos fotogramas al jugar | La gráfica no da más de sí | Tarjeta gráfica |
Diez minutos de observación te ahorran una compra equivocada.
El orden correcto
1. Un SSD, si aún no lo tienes
Esto primero, sin discusión. No hay ninguna otra mejora que transforme tanto un ordenador por tan poco dinero.
Un equipo de hace ocho años con SSD se siente más ágil en el uso diario que uno nuevo con disco mecánico. Arranca en segundos, los programas abren al momento, y esa lentitud pegajosa desaparece.
Coste aproximado: 40 a 70 € por 1 TB. Es la mejor relación que existe en informática.
2. Memoria, si vas justo
Si en el administrador de tareas la memoria está por encima del 80 % con tu uso normal, ampliar se nota mucho.
Antes de comprar, averigua qué tipo admite tu equipo y si quedan ranuras libres. Hay herramientas gratuitas que lo dicen sin abrir la caja, y las páginas de los fabricantes de memoria tienen buscadores por modelo de ordenador.
Si ya tienes 16 GB y no los llenas, ampliar no te va a dar nada. La memoria libre no acelera.
3. La gráfica, solo si juegas
Para navegar, ofimática o vídeo no vas a notar absolutamente nada. Es dinero tirado si ese es tu uso.
Si sí juegas, comprueba antes tres cosas: que tu fuente de alimentación aguante, que la tarjeta quepa físicamente en la caja, y que tu procesador no sea tan antiguo que no pueda alimentarla. Poner una gráfica potente con un procesador viejo desperdicia buena parte de lo que pagas.
4. El procesador, con cuidado
Aquí es donde una actualización se convierte en un ordenador nuevo sin que te des cuenta.
Si el procesador nuevo usa otro socket, necesitas placa nueva. Si la placa nueva usa otro tipo de memoria, necesitas memoria nueva. Y con eso ya has cambiado medio equipo.
Antes de ilusionarte, busca la lista de procesadores compatibles de tu placa, que está en la web del fabricante. Si hay uno bastante mejor que el tuyo en esa lista, es una actualización barata y estupenda. Si no lo hay, echa cuentas del equipo entero.
5. La refrigeración, la olvidada
Si tu equipo va bien al principio y se ralentiza a los minutos, no necesitas comprar nada: necesitas limpiarlo.
El polvo acumulado en los disipadores hace que los componentes se calienten, y cuando se calientan bajan su velocidad solos para protegerse. Una limpieza con aire comprimido y, si se atreve uno, cambiar la pasta térmica del procesador, pueden devolver bastante rendimiento por muy poco dinero.
Mejoras gratis, antes de gastar
- Revisa qué arranca con el sistema. En el Administrador de tareas, pestaña Inicio. Desactiva lo que no necesites nada más encender. Es de lo que más se nota.
- Desinstala lo que no usas. Muchos programas dejan procesos corriendo de fondo para siempre.
- Deja espacio libre en el disco. Un SSD casi lleno se ralentiza. Intenta no pasar del 80 %.
- Actualiza los controladores de la gráfica. En juegos puede suponer una diferencia apreciable.
- Comprueba el plan de energía. En portátiles, el modo de ahorro limita el rendimiento a propósito.
Cuándo dejar de arreglar y comprar
Hay un punto en que insistir sale caro. Señales de que ha llegado:
- Ya tiene SSD y RAM suficiente, y sigue yendo lento.
- La suma de lo que necesitas cambiar pasa del 50 % de lo que cuesta uno nuevo.
- La placa no admite nada mejor de lo que ya tienes.
- Ya no recibe actualizaciones de seguridad del sistema operativo.
Ese último punto pesa más de lo que parece. Un ordenador que funciona pero no recibe parches es un riesgo, no un ahorro.
Y si acabas comprando, el disco viejo y la memoria sirven casi siempre para dar una segunda vida a otro equipo, o para venderlos. No los tires.
