
Hay dos formas de usar una inteligencia artificial. Una es preguntarle cosas como a un buscador y quedarte a medias. La otra es entender qué hace bien y qué hace mal, y usarla solo para lo primero.
La diferencia entre las dos es bastante grande, y está casi toda en cómo preguntas.
Qué es exactamente, en una frase
Un modelo de lenguaje es un sistema que ha aprendido, a partir de cantidades enormes de texto, a predecir qué palabras encajan a continuación de otras.
Eso explica de golpe sus dos caras. Es asombrosamente bueno con el lenguaje: reformular, resumir, traducir, estructurar, explicar. Y no tiene ningún mecanismo interno que garantice que lo que dice sea cierto: genera lo que suena correcto.
Por eso puede inventarse una cita, una fecha o una referencia con toda la seguridad del mundo. No miente: no distingue.
Para qué sí y para qué no
| Funciona muy bien | Hay que verificar siempre |
|---|---|
| Resumir un texto que tú le das | Datos, fechas y cifras concretas |
| Reescribir algo en otro tono | Referencias, citas y bibliografía |
| Explicarte un concepto difícil | Noticias recientes |
| Traducir con naturalidad | Cualquier cosa legal, médica o fiscal |
| Ordenar ideas sueltas | Cálculos aritméticos |
| Darte un punto de partida ante un folio en blanco | Precios y disponibilidad de productos |
Fíjate en el patrón: la columna de la izquierda son tareas sobre el lenguaje. La de la derecha son tareas sobre hechos del mundo. Ahí está la frontera.
Cómo preguntar para que sirva
La mayoría de resultados decepcionantes vienen de peticiones vagas. Cuatro cosas que cambian el resultado:
Dale contexto
Compara «escríbeme un correo pidiendo una reunión» con «escribe un correo breve a un cliente al que no conozco personalmente, para proponerle una reunión de media hora la semana que viene; tono profesional pero cercano, en español de España».
La segunda produce algo utilizable. La primera, un borrador genérico.
Dale un ejemplo
Es lo que más mejora el resultado y lo que menos se usa. Pégale un texto tuyo anterior y dile «con este estilo». Aprende del ejemplo mucho mejor que de una descripción.
Dile qué no quieres
«Sin introducción ni conclusión.» «Sin listas con viñetas.» «Sin palabras como ‘revolucionario’ o ‘imprescindible’.» Los modelos tienen tics de redacción bastante marcados, y se corrigen pidiéndolo.
Corrige en vez de empezar de cero
Si la respuesta no te vale, no reescribas la pregunta: di qué falla. «Demasiado largo, la mitad.» «El segundo párrafo sobra.» «Más directo, menos explicativo.»
Conversar funciona mucho mejor que acertar a la primera.
Usos concretos que valen la pena
- Entender un documento denso. Pégale el contrato, el informe médico o el pliego y pide que te lo explique en lenguaje llano, y que señale lo que te perjudica. Luego lo verificas, pero sabes por dónde empezar.
- Vencer el folio en blanco. Un borrador malo es más fácil de arreglar que empezar de cero.
- Estudiar. Pídele que te haga preguntas sobre un tema en lugar de que te lo resuma. Responder es lo que fija el conocimiento.
- Traducir con matiz. No solo la traducción: pregúntale por qué eligió una expresión y qué alternativas hay.
- Ordenar un lío mental. Suéltale todo lo que tienes en la cabeza y pídele que lo estructure. Funciona sorprendentemente bien.
Qué no le cuentes
Esto importa y se menciona poco.
Salvo que uses una versión con garantías específicas, asume que lo que escribes puede ser revisado por personas o usado para mejorar el servicio. Muchos proveedores permiten desactivarlo en los ajustes; búscalo y hazlo.
Mientras tanto, no pegues ahí: datos de salud, información de clientes o de tu empresa que sea confidencial, contraseñas, ni documentos con datos personales de terceros. Si es algo que no dejarías en una carpeta compartida, no lo pegues.
La verificación, que es tu trabajo
Una costumbre que resuelve casi todo: pídele las fuentes y compruébalas.
Si te da un enlace, ábrelo. Si te cita un estudio, busca si existe. Es en esas referencias donde más se inventa cosas, precisamente porque un nombre de estudio plausible es fácil de generar.
Y una regla de fondo: cuanto más importante sea la decisión que vas a tomar con esa información, más tienes que verificarla tú. Para redactar un correo, ninguna. Para algo legal o médico, toda, y con un profesional.
